Cuando alguien se cambia de herramienta, lo que más extraña no es el historial de conversaciones. Es que la nueva no sabe nada de su negocio y hay que explicárselo otra vez.
Pasa seguido. Sale una herramienta mejor, o la que usabas subió de precio, o en el trabajo te piden usar otra. Te cambias, abres la ventana nueva, escribes la primera instrucción y la respuesta es genérica.
No porque la herramienta sea peor. Porque llegaste sin nada.
Durante meses le fuiste explicando a la anterior a qué te dedicas, cómo hablas, quiénes son tus clientes, qué ya intentaste y qué no funcionó. Ese trabajo no está en las conversaciones viejas. Está repartido en cientos de mensajes que nadie va a volver a leer.
Eso es lo que vale la pena llevarte, y sí se puede.
Lo que en realidad estás moviendo
No son los chats. Es el contexto, que son cuatro cosas:
Quién eres y qué haces. El giro del negocio, el tamaño, dónde operas, cómo vendes.
A quién le hablas. Tus clientes, qué problema tienen, qué palabras usan ellos.
Cómo suenas. Si tuteas o hablas de usted, qué palabras nunca usarías, qué tan formal escribes.
Qué ya sabes que no funciona. Esto es lo más valioso y lo que más se pierde. Todas las veces que la herramienta te propuso algo y le dijiste que no, y por qué.
Con esas cuatro cosas escritas, cualquier herramienta arranca al nivel donde estabas. Sin ellas, empiezas de cero cada vez que te cambias.
El método, y toma veinte minutos
Uno. Pídele a la herramienta que dejas que se resuma a sí misma.
Ábrele una conversación nueva y pídele algo así:
Con base en lo que hemos trabajado, escribe un resumen de mi negocio que le sirva a otra herramienta para entenderme desde el principio. Incluye a qué me dedico, quiénes son mis clientes, cómo prefiero que me escribas, qué cosas te he corregido y qué enfoques ya descartamos.
Va a producirte un texto de media cuartilla o una cuartilla.
Dos. Léelo y corrígelo.
Este paso no te lo saltes. Lo que salga va a tener partes acertadas, partes vagas y probablemente algún dato que no es cierto. Corrígelo con tus palabras, quita lo que no aplica y agrega lo que falta.
Ese documento corregido es lo que de verdad estás migrando.
Tres. Quítale lo que no debe salir.
Antes de pegarlo en otro lado, revisa que no lleve nombres de clientes, montos de contratos, datos de tu equipo ni información que alguien te haya compartido en confianza. El resumen sirve igual con giros y descripciones que con nombres propios.
Cuatro. Pégalo en la herramienta nueva, en el lugar correcto.
Casi todas tienen una sección de instrucciones permanentes, preferencias o memoria. Ahí es donde va, no en un mensaje suelto que se pierde en la primera conversación.
Si la herramienta no tiene esa sección, guarda el texto en un archivo y pégalo al inicio de cada conversación importante. Es menos cómodo pero funciona igual.
La prueba de que quedó bien
No supongas que funcionó. Compruébalo.
Pídele a la herramienta nueva la misma tarea que le pedirías a la vieja. Un correo a un cliente, una descripción de producto, lo que sea que hagas seguido.
Si la respuesta suena a ti, el contexto quedó bien puesto. Si suena genérica, al resumen le falta algo y hay que agregarlo.
Ese ida y vuelta toma dos intentos y ahí es donde se acomoda de verdad.
Qué no vale la pena llevarte
Las conversaciones completas. Son cientos de mensajes de tareas puntuales que ya se resolvieron. Cargarlas no aporta y sí ensucia.
Los prompts que copiaste de internet. Si nunca te funcionaron del todo, no los arrastres. Empieza limpio.
Los archivos que subiste. Los que sigas necesitando se vuelven a subir cuando hagan falta. Los demás quedan atrás.
Dos advertencias
El resumen puede traer errores. La herramienta va a escribir con seguridad cosas que entendió mal. Si migras sin revisar, esos errores se van contigo y se vuelven más difíciles de detectar, porque ahora parecen parte de tu configuración.
Y no todas guardan lo mismo. Algunas conservan lo que les dices entre conversaciones y otras no. Antes de asumir que la nueva ya te conoce, revisa si tiene esa función encendida.
Lo que este ejercicio te deja aunque no te cambies
Aquí está la parte que no se ve venir.
Al pedirle ese resumen y leerlo, vas a descubrir qué tan bien le has explicado tu negocio. Si el resultado es vago, no es que la herramienta sea mala: es que nunca le diste el contexto suficiente y llevas meses recibiendo respuestas genéricas sin darte cuenta.
Y si el resumen queda bueno, ya tienes escrito algo que casi ningún negocio chico tiene: una descripción clara de a qué se dedica, a quién le vende y cómo habla.
Ese documento sirve para mucho más que para migrar. Sirve para explicarle tu negocio a alguien nuevo que entra a trabajar contigo, a un proveedor, o a un socio potencial.
Media cuartilla que nunca habías escrito, y que resulta que ya tenías repartida en pedazos.
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