Si llevas un par de años en Playa, los reconoces sin pensarlo.
El que ya estaba aquí, que vio crecer todo desde que esto era cuatro calles. El latino que se siente europeo y tiene tres proyectos a punto de despegar. El citadino quemado que vino a desestresarse y aún sigue desestresándose. El coach que cobra en dólares. El crypto bro con laptop nueva. La influencer de vida saludable. El realtor motivacional.
Todos somos empresarios independientes en la misma zona. Algunos llevan décadas viendo cómo cambia todo. Otros llegamos hace pocos años buscando algo distinto. Y todos terminamos siendo, sin querer, un poquito caricatura del personaje que estamos haciendo.
Antes de seguir, dos cosas. Primera: en Kiin Hub habemos de varios tipos — esto no es observación desde afuera, es desde la mesa. Segunda: aquí hay cariño. Reconocer al personaje no es burlarse de la persona. Y reconocerse uno mismo es el primer paso para seguir construyendo algo serio.
Va el catálogo.
1. El que ya estaba aquí
Nacido en Playa, Cancún, Cozumel, Felipe Carrillo Puerto o algún pueblo del interior. Tiene entre 35 y 60 años. Quintanarroense de raíz, no migrante reciente. Quizás sus padres o abuelos hablaban maya. Quizás él también lo entiende aunque ya no lo use mucho.
Vio cuando la 5ta era de terracería. Cuando Playacar era manglar. Cuando Cancún era diez mil habitantes y todos se conocían. Su negocio puede ser un restaurante, una agencia inmobiliaria, un taller, una constructora familiar, una flotilla de motos para rentar, un tour operator con tres lanchas, una constructora con obras en toda la Riviera.
Conoce a todo mundo. Sabe quién es honesto y quién no. Tiene contactos en el municipio que vienen de la primaria. Su negocio sobrevivió huracanes, crisis del peso, pandemia y cinco administraciones distintas.
Contradicción favorita: se queja del cambio constante — la gentrificación, el tráfico, los precios — pero su negocio depende exactamente de ese cambio. De hecho, el cambio es lo que le dio dinero: cada ola de gente nueva fue otro cliente, otra obra, otra renta. Lleva tres décadas viéndolo y aún no decide si lo bueno superó a lo perdido.
Frase típica: "Esto antes era pura selva, paisano. Ya ni lo conoces."
2. El latino que se siente europeo
Hombre o mujer de 32 a 45 años. Puede ser argentino, uruguayo, chileno, español-mexicano, brasileño, o cualquier mezcla. Llegó hace dos o cuatro años y tiene tres startups en marcha, una en pausa, y dos "ideas que están por reventar". Vive en un Airbnb del centro o en un departamento compartido con otros tres del mismo perfil.
Habla rápido. Gesticula con mate o copa de vino tinto en la mano dependiendo de la hora. Cada conversación con él incluye al menos una frase del tipo "dale, te lo digo en serio, esto es enorme".
Contradicción favorita: dice que vino a Playa por la vida tranquila. Lleva 11 horas en cafés con la laptop. Su tranquilidad es de WhatsApp con clientes que están en Madrid, Barcelona y Miami al mismo tiempo.
Frase típica: "Bueno, esto cuando se cierre nos cambia la vida, ¿entendés?"
3. El citadino quemado
Antes era gerente regional, ingeniera de producto, abogada corporativa, lo que sea. Vivía en alguna colonia bonita de CDMX, Monterrey o Guadalajara. Trabajaba 60 horas y odiaba el tráfico. La pandemia le dio permiso de trabajar remoto y nunca regresó.
Vive en el centro o en Colosio, en un depa que renta a 18 mil al mes y le sigue pareciendo barato. Usa bermudas y playera de banda que conoció hace 15 años. Se promete que el viernes va a la playa. El viernes está en Zoom.
Contradicción favorita: vino a desestresarse y trabaja exactamente lo mismo que antes, pero ahora con calor y peor internet. Su vida sigue siendo la de la ciudad grande, solo que la ventana muestra palmeras.
Frase típica: "Es que aquí la calidad de vida es otra cosa, hermano" (mientras pide el tercer café del día sin levantarse).
4. El coach espiritual con tarifa en dólares
Hombre o mujer de 30 a 50. Puede ser mexicano, colombiano, español, argentino, francés. Pantalones de lino, sandalias, tatuaje en sánscrito. Da sesiones de reiki, constelaciones familiares, ceremonias de cacao, retiros de respiración.
Vive en una casita de Selvamar o en un cuarto compartido del centro. Su Instagram tiene 14 mil seguidores. Sus sesiones cuestan 80 dólares la hora.
Contradicción favorita: habla de desapego material, vida sencilla y conexión con la naturaleza. Cobra en dólares. Su retiro de fin de semana cuesta lo que un mes de salario mínimo mexicano.
Frase típica: "Lo importante es soltar el ego, querida. Te paso mi link de pago."
5. El crypto bro con laptop nueva
Joven de 25 a 38 años. Puede ser mexicano, americano, europeo, sudafricano. Vive en un coliving del centro o un Airbnb de Coco Beach. Su laptop es la más cara del cowork donde sea que esté trabajando.
Habla de ciclos del mercado, halvings, deflación monetaria y "fundamentales". Tiene cinco pantallas abiertas siempre: dos con gráficos rojos y verdes, una con Telegram, una con X, y una con Slack.
Contradicción favorita: predica descentralización y libertad financiera mientras vive pegado al precio del Bitcoin de cinco en cinco minutos. La libertad le tiene ansiedad estructural.
Frase típica: "Bro, este es el ciclo. Si compras ahorita en dos años estás haciendo otra cosa."
6. La influencer de vida saludable
Mujer u hombre de 24 a 38. Puede ser de Estados Unidos, México, Europa o Brasil. Su vida es contenido. Yoga al amanecer, açai bowl al desayuno, jugo verde a media mañana, foto del Caribe al atardecer, cena de pescado fresco.
Tiene patrocinios de marcas de suplementos, ropa "eco" y un curso online de manifestación con clientes en seis países. Vive en un departamento de Playacar Norte o en un Airbnb largo del centro.
Contradicción favorita: vende vida sin estrés mientras edita reels hasta las 2 AM. Su rutina de "presencia plena" requiere tres aplicaciones y un anillo de luz.
Frase típica: "Live your best life — link en mi bio."
7. El realtor motivacional
Hombre o mujer, mexicano o bilingüe extranjero. Edad indefinida entre 30 y 55. Lleva camisa de lino, lentes de sol caros y la sonrisa de quien va a cerrar el trato. Maneja un SUV blanco. Su WhatsApp manda fotos de propiedades a clientes en Toronto y Madrid antes del desayuno.
Habla de Playa como destino de inversión, paraíso fiscal, futuro de la Riviera Maya. Cada cliente que entra al cowork es prospecto.
Contradicción favorita: se queja en privado de la burbuja inmobiliaria que él mismo ayuda a inflar con cada comisión del 10 por ciento. Predica oportunidad mientras encarece la ciudad.
Frase típica: "Esto no es gasto, mi amigo. Es inversión."
Lo que tienen en común
La mayoría de nosotros vinimos a Playa por una razón parecida. Una vida distinta de la que teníamos. Más sol, más mar, más libertad, menos rata.
Y todos, sin querer, terminamos construyendo aquí una versión de aquello de lo que veníamos huyendo. Unos huyen de la crisis y trabajan como si la crisis aún estuviera aquí. Otros huyen del estrés y siguen estresados. El coach huye del materialismo y vende sesiones caras. El crypto bro huye de los bancos y vive obsesionado con precios.
El que ya estaba no huye de nada — pero ve cómo todo cambia a su alrededor y trata de mantener su lugar sin perderse en el ruido.
Eso es lo más playense que tenemos en común: estar todos tratando de construir algo en un lugar que se transforma más rápido de lo que asimilamos.
La buena noticia es que la mezcla funciona. Cada perfil aporta algo distinto. El que ya estaba tiene el contexto sin el cual nada opera aquí — quién es quién, dónde está cada cosa, qué se hace y qué no. El del próximo proyecto se conecta con clientes europeos. El citadino entiende la operación corporativa. El coach mueve gente que necesita pensar diferente. El crypto bro entiende sistemas. La influencer amplifica el alcance. Y el realtor cierra negocios.
Si Playa fuera homogénea, no funcionaría. La gracia es que cada uno aporta algo distinto al pueblo.
Para cerrar
Si te reconociste en uno (o en dos, o en tres), bienvenido. No estás solo.
Si te reconociste y te dio un poquito de pena, mejor todavía — significa que tienes capacidad de verte desde afuera, y eso es de las cosas más útiles para construir un negocio que dure.
Y si crees que no estás en ninguno, probablemente eres un perfil que se nos escapó. Te invitamos un café para identificarte.
En Kiin Hub se sientan en la misma mesa todos estos personajes — el que ya estaba aquí, el del próximo proyecto, el citadino, el coach, el crypto bro, la influencer, el realtor — y descubren que tienen más en común de lo que pensaban. Si quieres conocer la mesa, te invitamos un café cualquier mañana 8am-5pm. Reservas: 990 403 6041.
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