Negocios y Emprendimiento

Qué es un agente de inteligencia artificial, y si lo puedes hacer tú

La palabra agente se usa en todos lados sin explicarse. Qué hace distinto a un agente de la herramienta que ya usas, qué tareas conviene encargarle, cuáles no, y hasta dónde puedes llegar tú solo.

Qué es un agente de inteligencia artificial, y si lo puedes hacer tú

La palabra "agente" está en todos lados desde hace meses y casi nadie explica qué significa en la práctica. Vale la pena entenderlo, porque la diferencia con lo que ya usas es más grande de lo que parece.

Casi todo el que tiene un negocio ya probó alguna herramienta de inteligencia artificial. Le pidió que escribiera un correo, que resumiera un texto, que le diera ideas para un anuncio. Funciona, ahorra tiempo, y ahí se queda.

Un agente es otra cosa. Y la distinción no es técnica, es de cómo trabajas con él.

Pedirle algo contra encargarle algo

Cuando le pides a una herramienta de inteligencia artificial que redacte un correo, tú abres la conversación, das la instrucción, recibes el texto, lo copias y lo pegas. Cada vez. La herramienta no hace nada por su cuenta y no toca nada fuera de la ventana donde escribes.

Un agente recibe un encargo y ejecuta los pasos necesarios para cumplirlo, incluyendo cosas fuera de esa ventana: abrir un archivo, buscar en internet, llenar una hoja de cálculo, mandar un correo, revisar si algo cambió.

La diferencia práctica es esta: a una herramienta le pides un texto, a un agente le encargas una tarea.

Un ejemplo concreto. Pedirle a una herramienta que redacte el correo de cobranza es una cosa. Encargarle a un agente que revise cuáles clientes tienen facturas vencidas, prepare el correo de cada uno con su monto y su fecha, y te los deje listos para que tú los revises antes de enviarse, es otra.

El primero te ahorra diez minutos. El segundo te quita una tarea recurrente de encima.

Qué se puede encargar de verdad

Las tareas que mejor funcionan tienen tres características en común. Se repiten, siguen reglas que se pueden escribir, y su resultado se puede verificar.

Algunos ejemplos que aplican a negocios de la región:

Revisar todos los días si algún proveedor cambió precios en su lista y avisarte solo cuando hay cambios. Tomar las reservaciones que llegan por distintos canales y consolidarlas en una sola vista. Leer los comentarios y reseñas del mes y separar los que requieren respuesta de los que no. Comparar lo facturado contra lo cobrado y señalar las diferencias. Preparar el reporte que armas cada lunes, con los datos ya puestos, para que tú solo lo revises.

Lo que tienen en común: nadie está tomando una decisión. El agente prepara, ordena y señala. La decisión sigue siendo tuya.

Qué no conviene encargar

Y aquí está la parte que menos se dice.

No conviene encargar lo que no puedes verificar. Si el agente produce algo que nadie va a revisar porque nadie sabría si está bien, el error se va a ir hasta el cliente.

No conviene encargar lo que no está definido. Si la tarea depende del criterio de quien la hace, y ese criterio nunca se escribió, el agente va a inventar uno. Ese es el mismo problema que tiene un equipo cuando cada quien hace las cosas a su manera: el origen no es la herramienta, es que la instrucción nunca existió.

Y no conviene darle acceso a lo que no estás dispuesto a que toque. Un agente que puede enviar correos va a enviar correos. Un agente que puede modificar tu base de clientes la va a modificar. El alcance se define antes, no después.

Entonces, ¿lo puedes hacer tú?

Depende de qué tan lejos quieras llegar, y la respuesta se divide en tres.

Lo que sí puedes hacer solo. Las herramientas actuales permiten armar rutinas útiles sin escribir una sola línea de código. Cargar un documento y pedir que se procese de cierta forma cada vez. Conectar dos aplicaciones que ya usas para que una alimente a la otra. Guardar instrucciones para que la herramienta las siga siempre igual sin que las repitas. Eso está al alcance de cualquiera con paciencia y un par de tardes.

Lo que puedes hacer con ayuda una vez. Si la tarea toca tus sistemas, tu base de datos o tu facturación, ahí conviene que alguien te ayude a montarlo bien la primera vez. Después tú lo operas. La curva está en el armado, no en el uso.

Lo que no conviene hacer solo. Cuando el agente va a tomar decisiones que afectan a un cliente, mover dinero o manejar datos personales. No por dificultad técnica, sino porque el error ahí cuesta y hay reglas que cumplir.

La mayoría de las oportunidades de un negocio chico están en el primer grupo. Y casi nadie las está aprovechando, no por falta de capacidad, sino porque no ha dedicado el rato a identificarlas.

El error de empezar por la herramienta

Es la trampa más común. Alguien escucha de una herramienta nueva, la prueba, y luego busca en qué usarla.

El orden que funciona es al revés. Primero identificar qué tarea te está costando tiempo cada semana. Después escribir cómo se hace esa tarea, paso por paso. Y hasta entonces ver qué herramienta la puede ejecutar.

Ese orden importa porque el trabajo difícil no es la herramienta. Es escribir el proceso. Una vez que la tarea está bien definida, montarla es lo de menos, y además ya ganaste algo aunque nunca uses inteligencia artificial: tienes escrito cómo se hace algo que antes vivía en la cabeza de una persona.

Por dónde empezar esta semana

Sin instalar nada ni contratar a nadie.

Escoge una tarea que hagas todas las semanas y que te aburra. Anota los pasos exactos que sigues. Marca cuáles requieren que tú decidas algo y cuáles solo requieren que alguien junte información o la acomode.

Esos segundos son los que se pueden encargar. Y en la mayoría de los negocios son más de la mitad.


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