Algunos hoteles que abrieron cuando Playa del Carmen era un pueblo de pescadores siguen operando hoy. Vale ver qué hicieron distinto.
Lucio Kantún Chí, maestro de primaria, llegó a Playa del Carmen en 1970 y levantó el primer hotel del pueblo, sobre la avenida Juárez. Lo llamó Playa del Carmen y empezó con tres palapas. En ese momento la localidad no llegaba a trescientos habitantes.
Ese hotel creció a veinticinco habitaciones y siguió operando más de cuarenta años. Kantún Chí lo vendió hacia 2015, y en 2017 todavía recibía huéspedes.
Y no es el único. Hay negocios en esta costa que llevan cuatro o cinco décadas abiertos, mientras a su alrededor todo cambió de nombre tres veces.
Lo que hicieron tiene menos que ver con suerte de lo que parece.
Empezaron chico y crecieron con lo que entraba
Tres palapas. Una base para buzos.
Así empezaron dos de los casos más longevos del corredor, y ninguno arrancó con una inversión grande ni con un plan de veinte habitaciones.
El Club Akumal Caribe nació como la base de los buzos del CEDAM, el club de exploración submarina que Pablo Bush Romero fundó a finales de los cincuenta. No se construyó como hotel: se construyó para que un grupo de personas tuviera dónde dormir, y el hotel salió de ahí.
Y el de Kantún Chí eran tres palapas que fueron creciendo conforme llegaba gente.
Ninguno apostó todo de entrada. Y eso les dio algo que no se compra: tiempo para aprender qué funcionaba antes de comprometer dinero grande.
Cuidaron el edificio
Esta es la parte menos glamorosa y la que más pesa.
El Hotel Molcas, que estaba junto al muelle y abrió en los setenta, cerró en 2015. No por falta de clientes: cerró por deterioro de su estructura.
Un hotel en la posición más valiosa de Playa del Carmen, justo donde desembarcan los que vienen de Cozumel, y lo que lo sacó del mercado fue el mantenimiento.
En una costa con sal, humedad y huracanes, un edificio que no se mantiene se acaba en veinte años. Y el costo de repararlo cuando ya está dañado es varias veces el de haberlo cuidado.
Los que siguen abiertos renovaron por partes y a tiempo. El Shangri-La Caribe se vendió en diciembre de 2008 a un grupo de inversionistas estadounidenses, se renovó completo y al año siguiente pasó a llamarse Mahekal. El de Akumal ha pasado por varias etapas de obra sin cerrar.
No es que hayan tenido mejor suerte con el clima. Es que repusieron antes de que se cayera.
Resolvieron sus pasivos antes de que crecieran
Dos de los cierres más conocidos de esta costa no vinieron de falta de clientes ni de que el terreno no fuera suyo.
La Rana Cansada abrió en 1984, fue de los primeros lugares de la Quinta Avenida, y fue desalojada en noviembre de 2024 por un laudo derivado de un juicio laboral iniciado en 2009. Quince años entre el origen del problema y el día que cerró las puertas.
Y hubo un segundo factor: sus dos dueños murieron, él en 2022 y ella en mayo de 2024, al parecer sin sucesión resuelta. El terreno era suyo. Lo que no estaba resuelto era qué pasaba con el negocio cuando ellos faltaran.
En la zona hotelera de Tulum, entre 2011 y 2016, se desalojaron 44 hoteles y 19 predios. En octubre de 2017 un juez federal ordenó devolver varios, lo que da una idea de cómo se habían ejecutado aquellos desalojos.
Y el mecanismo fue el mismo que en la Quinta: la vía laboral.
Eso es lo que un negocio chico sí puede prevenir. Un pasivo laboral sin resolver crece en silencio durante años y aparece el día que menos conviene. Y una sucesión sin definir deja al negocio en el aire justo cuando más falta hace que siga operando.
Los que llevan cuarenta años abiertos tienen los contratos en orden y saben quién sigue. No es glamoroso y es lo que los mantiene de pie.
Lo que esto le dice a un negocio que empieza
Los tres factores no son de hotelería. Son de cualquier negocio que quiera seguir abierto en diez años.
Empieza con lo que puedas sostener. Tres palapas que crecen valen más que veinte habitaciones que te endeudan. El tamaño inicial no determina el tamaño final.
Cuida lo que ya tienes antes de comprar más. El local, el equipo, los clientes que ya te compran. Reponer a tiempo siempre cuesta menos que reparar.
Mantén tus contratos laborales al día. Es el trabajo más aburrido y es el mecanismo por el que más negocios de esta costa han cerrado. Un acuerdo sin firmar hoy es un laudo dentro de diez años.
Define qué pasa si tú no estás. Un negocio sin sucesión definida se detiene el día que falta quien lo sostenía.
Por qué importa aquí
Playa del Carmen tiene una tasa de rotación de negocios que cualquiera que viva aquí reconoce: locales que abren y cierran en el mismo año, conceptos que duran una temporada, letreros que cambian cada tanto.
Medirla es otra cosa: el estudio del INEGI que calcula cuánto dura un negocio baja a nivel municipal para cien municipios del país, y este no está entre ellos. Lo que sí sabemos es el dato estatal: entre 2019 y 2021 cerró el 46.59% de los establecimientos de Quintana Roo, la proporción más alta del país.
En ese contexto, un negocio que lleva cuarenta años abierto no es una anécdota bonita. Es evidencia de que se puede.
Y de que lo que lo hace posible no es un golpe de suerte ni una idea brillante, sino tres o cuatro decisiones aburridas tomadas a tiempo.
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Fuentes: el testimonio de Lucio Kantún Chí en Quintana Roo Hoy (15 de noviembre de 2017), Noticaribe (12 de septiembre de 2015 y 15 de noviembre de 2024), Travel Weekly (diciembre de 2009), Animal Político (febrero de 2017) y Expansión (octubre de 2017).
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