No es un ejercicio de curiosidad. Es una forma rápida de descubrir si llevas meses recibiendo respuestas genéricas porque nunca explicaste bien a qué te dedicas.
Hay una prueba que toma diez minutos y casi nadie ha hecho.
Abre la herramienta de inteligencia artificial que usas todos los días y pregúntale qué entendió de tu negocio. Qué cree que vendes, a quién, cómo trabajas. Y luego pídele que te diga qué consejos te daría con lo que sabe.
Lo interesante no es la respuesta. Es lo que la respuesta revela.
Qué estás midiendo en realidad
Conviene decirlo claro antes de que alguien se emocione: estas herramientas no te conocen. No tienen una opinión sobre ti ni han estudiado tu caso. Responden con lo que está en la conversación, con lo que les hayas guardado como preferencias, y con lo que su entrenamiento les dice que suele ser cierto de un negocio parecido al tuyo.
Por eso el ejercicio no sirve para que la máquina te diga quién eres.
Sirve para lo contrario: para ver qué tan bien le has explicado tu negocio. La calidad de esa respuesta es el reflejo de la calidad de tus instrucciones a lo largo de meses.
Si contesta cosas que aplicarían a cualquier negocio, es porque nunca le diste nada específico. Si contesta con precisión, es porque tú fuiste claro. En los dos casos aprendes algo, y el aprendizaje es sobre ti.
Las cuatro preguntas
Se hacen seguidas, en una sola conversación, y cada una revela algo distinto.
Primera: qué entendiste de mi negocio.
Pídele que describa a qué te dedicas, a quién le vendes y cómo operas, sin adornos y en pocas líneas.
Aquí vas a ver de inmediato si tiene algo o no. Una respuesta con giro, tamaño, tipo de cliente y forma de vender significa que sí le explicaste. Una respuesta llena de frases amables sin contenido significa que no.
Segunda: qué información te falta para entenderme mejor.
Esta es la más útil de las cuatro y la que menos se hace. Que te diga qué no sabe.
Lo que responda es tu lista de pendientes: son exactamente las cosas que deberías haberle dicho y no le dijiste. Y suelen ser las mismas que tampoco tienes escritas en ningún otro lado.
Tercera: qué consejos me darías con lo que sabes.
Ojo aquí, porque es donde más fácil se confunde el ejercicio. Lo que salga no es un diagnóstico de tu negocio, es lo que suele recomendarse para un negocio como el que le describiste.
Léelo con esa distancia. Si algo te parece obvio, es señal de que la herramienta está trabajando con información superficial. Si algo te incomoda porque le atinó, ahí vale detenerse.
Cuarta: en qué te basas para decir eso.
Esta pregunta separa lo que salió de tu contexto de lo que salió de un patrón general. Y es la que enseña a leer cualquier respuesta de estas herramientas: preguntar de dónde salió.
Cómo leer lo que conteste
Si es genérico, el problema es tuyo, no de la herramienta. Significa que llevas meses pidiendo cosas sin dar contexto, y que todas las respuestas que recibiste en ese tiempo tuvieron la misma limitación.
Si tiene errores, corrígelos ahí mismo. Es información equivocada que va a seguir contaminando todo lo que le pidas hasta que la corrijas.
Si le atina, guárdalo. Esa descripción de tu negocio ya está escrita y te va a servir para más cosas.
Y si te dice algo incómodo que parece cierto, no lo tomes como veredicto. Tómalo como una pregunta que vale la pena llevarle a alguien que sí conozca tu situación.
El nivel en el que estás
Mucha gente le pregunta a estas herramientas en qué nivel está su negocio, y suelen contestar algo con etapas: arranque, crecimiento, consolidación.
Eso es entretenido y no significa gran cosa, porque la respuesta depende por completo de cómo describiste tu situación. Si le contaste tus problemas, te va a ubicar en una etapa temprana. Si le contaste tus logros, en una avanzada.
La pregunta que sí sirve es otra: qué tendría que ser cierto para que mi negocio esté en la siguiente etapa. Esa no depende de tu ánimo del día y te da algo concreto contra qué medirte.
Lo que hay que cuidar
No pegues información que no debe salir. Para este ejercicio no hacen falta nombres de clientes, montos de contratos ni datos de tu equipo. Con giros y descripciones alcanza.
No confundas plausible con cierto. Estas herramientas escriben con la misma seguridad cuando aciertan y cuando inventan. Un consejo bien redactado no es un consejo verificado.
Y no reemplaces la conversación con alguien que sabe. El ejercicio es bueno para ordenar tus ideas y para descubrir huecos. No es bueno para decidir. Un contador, un abogado o alguien que lleva veinte años en tu giro va a ver cosas que ninguna herramienta va a ver, porque conocen tu contexto real.
Qué hacer después
Toma lo que salió de la segunda pregunta, la de qué información le falta, y contéstala. Escribe esas respuestas en un documento.
Ese documento hace dos cosas. Mejora de inmediato todo lo que le pidas a la herramienta de aquí en adelante, porque ya tiene con qué trabajar. Y te deja por escrito una descripción de tu negocio que probablemente nunca habías hecho.
Diez minutos de preguntas y una hora de escribir las respuestas. Es de las cosas con mejor retorno que puedes hacer esta semana.
En Kiin Hub tenemos la Mesa Kiin: contrastar tu caso con gente que sabe de cosas distintas. Fiscal y contable, laboral, propuesta de valor, procesos y tecnología. Si haces el ejercicio y sale algo que quieras platicar con alguien, tráelo.
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