En 1970 alguien decidió que el cruce a Cozumel saliera de Playa del Carmen. Hoy esa ruta mueve más de tres millones y medio de pasajeros al año. Vale ver cómo empezó.
Hoy el cruce a Cozumel es una de las rutas marítimas más transitadas del Caribe mexicano. Entre enero y noviembre de 2025 movió más de tres millones y medio de pasajeros, casi un 10% más que el año anterior. Operan tres navieras, y la más reciente entró con una inversión declarada de 315 millones de pesos.
Pero hubo un momento en que no existía.
El cruce salía de Puerto Morelos y tardaba demasiado. Y alguien que creció en Cozumel se dio cuenta de que había una forma más corta de hacerlo.
Empezó por comprar donde nadie quería
Fernando Barbachano Herrero creció en Cozumel. En 1966, con dieciséis años, compró playa en Playa del Carmen.
En ese momento la localidad tenía alrededor de veintiuna familias. No era un destino, no había carretera buena, no había nada que sugiriera que ahí iba a pasar algo.
Lo que sí había era geografía. Playa del Carmen está más cerca de Cozumel que Puerto Morelos, y eso no iba a cambiar nunca.
Esa es la primera lección y es menos obvia de lo que parece: lo que hace valioso a un lugar no siempre es lo que hay ahí, sino la posición que ocupa respecto a otra cosa.
Identificó un problema concreto
En 1969 creó Transportes Turísticos del Caribe y diseñó la ruta desde Playa.
El problema que resolvió no era abstracto: el cruce desde Puerto Morelos tardaba demasiado. Esa es una molestia específica, medible, que la gente sufría cada vez que quería ir a Cozumel.
No inventó una necesidad. Acortó un trayecto que ya existía.
Y ahí hay algo que vale para cualquier negocio: la mayoría de las oportunidades no están en crear algo que nadie ha visto, sino en hacer más rápido, más barato o más cómodo algo que la gente ya hace a regañadientes.
Puso su propio dinero
En 1970 empezó los cruces regulares con el Tropic Breeze, un barco que compró en Pensilvania con sus ahorros.
No hubo crédito bancario, ni inversionistas, ni programa de apoyo. Fue alguien de veinte años comprando un barco en otro país con lo que tenía guardado.
Eso tiene dos lecturas y las dos son útiles.
La primera es que arrancó con lo que podía sostener, sin deuda que lo obligara a crecer más rápido de lo que el mercado daba.
La segunda es que asumió todo el riesgo. Si el cruce no funcionaba, perdía sus ahorros y no había a quién reclamarle.
Esa es la diferencia entre empezar con capital propio y empezar con capital ajeno: el primero te deja decidir, el segundo te deja compartir el golpe.
El mercado lo creó él, y después llegaron los demás
Nueve años después, el 6 de enero de 1979, abrió un vuelo Playa-Cozumel a 98 pesos. En nueve meses movió cien mil pasajeros.
Cien mil personas en nueve meses, en una localidad que trece años antes tenía veintiuna familias.
Eso no es haber encontrado un mercado: es haberlo construido. La gente no cruzaba a Cozumel desde Playa porque no se podía. Cuando se pudo, cruzó.
Y una vez que el mercado existió, llegaron otros a competir por él. Hoy operan tres navieras en esa ruta, una de ellas con una inversión de 315 millones de pesos.
Quien llega primero rara vez se queda con todo. Pero sin él, no habría mercado por el que competir.
Supo cuándo salirse
En 1983 vendió sus negocios de Playa del Carmen.
Trece años después de haber empezado los cruces, y cuatro después del récord de pasajeros del vuelo.
Esa venta incluyó el proyecto que después se llamaría Playacar, que contamos aquí.
Vendió cuando el negocio funcionaba, no cuando se estaba cayendo. Y eso es una decisión que casi nadie toma a tiempo.
Lo normal es sostener un negocio hasta que deja de dar, y para entonces ya no vale lo que valía. Salir en el punto alto requiere reconocer que tu parte del trabajo ya se hizo, y que lo que viene es otro tipo de negocio que tal vez no es el tuyo.
Lo que él construyó en trece años siguió existiendo sin él durante cuarenta y tres más.
Lo que esto le dice a quien empieza hoy
Las cuatro decisiones de esa historia son de cualquier emprendedor, no de un naviero.
Busca el problema que la gente ya sufre. No el que te parece interesante resolver. El cruce desde Puerto Morelos tardaba demasiado y todos lo sabían.
Mira la posición, no solo el lugar. Playa del Carmen no valía por lo que tenía, valía por dónde estaba respecto a Cozumel. Tu negocio puede estar en la misma situación y no haberlo notado.
Arranca con lo que puedas perder. Un barco comprado con ahorros es más lento que uno comprado con deuda, y es el que te deja seguir decidiendo.
Y ten claro cuál es tu parte. Abrir un mercado y operarlo a escala son dos trabajos distintos. Saber cuál te toca evita quedarte haciendo el que ya no te corresponde.
Por qué contarlo aquí
En esta ciudad es fácil tener la sensación de que todo lo importante ya pasó, de que los que llegaron antes se quedaron con lo bueno, y de que hoy solo queda competir en lo que ya existe.
La historia del cruce dice otra cosa. En 1966 nadie quería terreno en Playa del Carmen. En 1970 la ruta a Cozumel no existía. Y la persona que vio las dos cosas tenía dieciséis años y después veinte.
No vio el futuro. Vio una distancia que se podía acortar.
Y eso sigue habiendo, en esta ciudad y en cualquier otra, para quien se tome el trabajo de buscarlo.
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Fuentes: el testimonio de Fernando Barbachano Herrero en Yucatán Today (15 de enero de 2022) y las cifras de pasajeros de APIQROO.
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